Guía completa
Emisiones y electrónica en Pontevedra, explicada
Los coches modernos son, en buena parte, ordenadores con ruedas. Cualquier fallo, por pequeño que sea, deja un código guardado en alguna de las decenas de centralitas que lleva un coche actual. La diferencia entre un taller que va al fondo del problema y uno que solo borra el aviso está en cómo se interpreta ese código.
El código no es la avería
Un código de la EGR o del DPF puede tener varios orígenes distintos: carbonilla acumulada, un sensor que da una lectura incorrecta, un fallo eléctrico real. Leer el código toma treinta segundos; identificar la causa real puede requerir datos en vivo y, a veces, una prueba en carretera.
EGR y DPF: limpiar antes de cambiar
Muchas válvulas EGR que parecen averiadas solo están sucias de carbonilla, sobre todo en coches que hacen muchos trayectos cortos. Lo mismo pasa con el filtro de partículas: antes de sustituirlo, intentamos regeneración forzada o limpieza profesional, que resuelven la mayoría de los casos a una fracción del coste.
Sensores y unidades de control: no todo lo que marca un código es el sensor
Un código puede señalar el sensor, pero también su cableado o un componente distinto que altera su lectura. Confirmamos siempre con datos en vivo antes de comprar un recambio, y codificamos cuando el sistema lo exige tras el montaje.
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